NUTRIAS Y MOFETAS, CEREBROS OPUESTOS
¿Hasta qué punto la forma de vida de un animal moldea su cerebro? Durante décadas, los investigadores compararon sobre todo el tamaño del cerebro con el del cuerpo. Hoy también examinan las proporciones y la forma del cerebro, que pueden reflejar lo que exigen los sentidos y el cuerpo. Margot Michaud, de UniLaSalle (Universidad de Artois) y de la Universidad de Lieja, y colegas de Francia, Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y España eligieron una familia ideal para comprobarlo: los musteloideos.
Una familia, vidas muy distintas
Los musteloideos son un grupo de carnívoros formado por cuatro familias: los ailúridos, los mustélidos (entre ellos tejones y nutrias), las mofetas, y los mapaches y sus parientes. En un mismo grupo de parientes cercanos hay nadadores (las nutrias), excavadores (tejones y mofetas), arborícolas (los kinkajús) y terrestres. Un experimento natural de evolución cerebral.
Moldes de cerebros desaparecidos
El cerebro en sí no se conserva en las colecciones de los museos, pero la cavidad que lo albergaba sí. Escaneando cráneos con rayos X y microtomografía computarizada, el equipo reconstruyó 113 moldes virtuales de la cavidad cerebral —llamados endocráneos (endocasts)— de animales adultos de 41 especies, que cubren el 91,4 % de los géneros de musteloideos. En los mamíferos, la forma de ese molde coincide con la superficie externa del cerebro.
En cada molde colocaron 47 puntos anatómicos de referencia y más de 200 puntos adicionales a lo largo de curvas y superficies, y dividieron el encéfalo en tres regiones: los bulbos olfativos (el centro del olfato, en la parte delantera), el cerebro propiamente dicho (la gran parte principal) y el rombencéfalo (cerebelo y tronco del encéfalo, en la parte trasera). Después, métodos estadísticos tuvieron en cuenta el grado de parentesco entre las especies, para que dos primas no contaran como dos casos independientes.
Nutrias y mofetas en los extremos opuestos
Dos linajes se separan de los demás:
- Las nutrias tienen la mayor proporción de cerebro propiamente dicho, un 74,3 %, y los bulbos olfativos más pequeños, un 8,6 %, además del rombencéfalo más pequeño (17,1 %).
- Las mofetas muestran el patrón inverso: bulbos olfativos mucho mayores (14,5 %) y la menor proporción de cerebro propiamente dicho (66,3 %).
Los autores habían predicho ambas cosas: el olfato apenas cuenta bajo el agua, mientras que las mofetas dependen mucho de su nariz. Relacionan el gran cerebro de las nutrias con estudios anteriores que mostraban áreas del tacto agrandadas en los carnívoros semiacuáticos, que buscan alimento palpando y manipulan las presas con las patas delanteras; quizá, sugieren, el cerebro de una nutria no solo sea más grande, sino que esté afinado para el tacto. Los resultados de las mofetas proceden de solo tres especies y exigen cautela.
El tamaño explica casi todo lo demás
Más allá de estos dos linajes, la regla principal es el tamaño. Cuanto mayor es el encéfalo, mayor es la proporción de cerebro propiamente dicho y menores las de bulbos olfativos y rombencéfalo; además, el encéfalo se vuelve más redondo. Los encéfalos más pequeños son más alargados, con bulbos olfativos prominentes que apuntan hacia delante. La superficie del neocórtex sigue casi a la perfección el tamaño del encéfalo. Esto, escriben los autores, coincide con patrones observados en muchos mamíferos, en los que las reglas de desarrollo compartidas pesan más que presiones separadas sobre cada región.
La dieta deja su huella: los piscívoros —sobre todo nutrias en esta muestra— tienen bulbos olfativos proporcionalmente más pequeños que los carnívoros y los omnívoros.
Sorpresa: la forma de desplazarse apenas se nota
El equipo esperaba que el rombencéfalo, que gestiona el equilibrio, difiriera entre trepadores, nadadores y excavadores. No es así: en sus modelos, la forma de desplazarse no añade casi nada una vez tenidos en cuenta el tamaño y la historia familiar. La forma global del encéfalo tampoco muestra ningún efecto ecológico detectable.
Los autores proponen que esas adaptaciones podrían esconderse dentro del encéfalo —en el plegamiento del cerebelo o en la densidad de neuronas— o en estructuras pequeñas que no pudieron medir en todas las especies. El molde externo muestra el contorno del encéfalo, no su cableado. Su conclusión: los encéfalos de los musteloideos siguen una regla de escalado compartida, torcida en algunos puntos por la historia familiar y la dieta. El estudio ha sido revisado por pares y publicado en el Journal of Anatomy.
