ESCUCHAR DONDE LOS EXTRATERRESTRES PODRÍAN BUSCARNOS
La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) persigue tecnofirmas: rastros de una tecnología que no es la nuestra, en este caso emisiones de radio. SETI suele suponer que un transmisor que emitiera en todas direcciones sería un derroche, y que las fugas de radio accidentales serían demasiado débiles. Por eso busca más bien balizas: señales dirigidas deliberadamente hacia algún lugar. El problema es el tamaño del cielo. ¿Dónde, y cuándo, hay que escuchar?
Un lugar de encuentro sin llamada previa
Isabel Gerrard, del equipo Breakthrough Listen de la Universidad de Oxford y del Instituto SETI, y Sofia Sheikh, del Instituto SETI y del Berkeley SETI Research Center, toman prestada una idea de la teoría de juegos: el punto de Schelling. Es la solución hacia la que dos jugadores convergen de forma natural sin comunicarse, porque destaca para ambos.
Su razonamiento parte de cómo encontramos planetas habitables: el método de tránsitos, que detecta la ligera disminución del brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante. Una civilización que usara el mismo método podría ver a la Tierra cruzar por delante del Sol una vez al año, siempre que se encuentre cerca del plano de la órbita terrestre, la eclíptica. El momento destacado es cuando el transmisor, el Sol y la Tierra se alinean. Visto desde la Tierra, el transmisor está entonces exactamente opuesto al Sol, en el punto antisolar. Vista desde allí, la Tierra está a mitad de su tránsito. (La idea supone que los emisores tienen en cuenta el tiempo de viaje de la luz.)
Investigadores de SETI ya habían propuesto escuchar allí. Según las autoras, esta campaña ofrece al punto antisolar su primera cobertura observacional.
Dos haces para desenmascarar una falsificación
El estudio utiliza el Allen Telescope Array, una red de antenas de 6,1 metros en Hat Creek, en el norte de California, construida para SETI. Veintiocho de sus 42 antenas tienen nuevos receptores refrigerados. Escuchan entre 2.356 y 3.700 MHz, dividiendo la banda en canales de 1,9 hercios de ancho.
Tres pruebas separan una posible baliza del ruido:
- Banda estrecha. Las fuentes de radio naturales se extienden sobre frecuencias amplias; nuestras propias telecomunicaciones, como una baliza, son estrechas.
- Deriva. Un transmisor lejano que se mueve respecto a nosotros se desplaza lentamente en frecuencia por el efecto Doppler. Las interferencias locales apenas derivan.
- Posición. La red forma dos haces, uno sobre el punto antisolar y otro a su lado. Una señal lejana real debe ser al menos 5,29 veces más intensa en el primero.
Cada punto se observa durante cinco minutos, de noche, cuando el punto antisolar está sobre el horizonte. Un programa llamado ATSAT, publicado como código abierto, hace la clasificación. Los últimos supervivientes se inspeccionan a ojo y se archivan en seis categorías: cuatro tipos de interferencia, una categoría «otros» y «señales de interés».
De 169 millones a 25
Entre agosto de 2024 y agosto de 2026, la red dedicó 126 sesiones y unas 876 horas al cielo: 11.313 apuntados, alrededor de 1,3 petabytes de datos. Eso cubre cerca del 12 % de la eclíptica.
En las 84 sesiones analizadas hasta ahora, el embudo es abrupto:
- 168.721.405 señales estrechas y con deriva detectadas;
- quedan 74,8 millones tras enmascarar las frecuencias más contaminadas;
- 27,2 millones tras comparar los dos haces;
- 11.212 gráficos para ojos humanos, de los que 8.473 se han clasificado hasta ahora.
Casi todos son interferencias: líneas horizontales (46 %), señales que se desvanecen (43 %), bloques (1,9 %). Solo 25 señales —el 0,29 %— son estrechas, presentan deriva y son más brillantes únicamente en el haz antisolar. Caen en 10 frecuencias y 10 posiciones del cielo, a lo largo de siete noches; 14 de las 25 proceden de un único apuntado.
Las autoras no anuncian ninguna detección. Las 10 posiciones están programadas para volver a observarse.
Un estudio que se mide en petabytes
Cubrir toda la eclíptica supone 87.660 apuntados. Como en cada momento la mitad de la eclíptica está de día, y el año terrestre no tiene un número entero de días, hará falta al menos cuatro años, más de 700 sesiones y más de 11 petabytes de datos: la mayor campaña jamás realizada con el Allen Telescope Array.
Las autoras reconocen una debilidad: las bandas de frecuencia enmascaradas se ajustaron sobre la marcha, de modo que no todas las sesiones se procesaron igual. Está previsto un nuevo análisis completo con parámetros uniformes, empezando por el año 2025. Mientras tanto, miles de espectrogramas etiquetados a mano forman un catálogo de interferencias de radio que podría servir para entrenar futuros clasificadores. Si las 25 supervivientes se sostienen solo se sabrá cuando las antenas vuelvan a apuntar a esos 10 puntos del cielo.
