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96 AMBULANCIAS ATASCADAS EN LA PUERTA, CADA DÍA

Cuando una ambulancia llega a un hospital y el servicio de urgencias no puede recibir al paciente, la tripulación espera, con el paciente todavía en la camilla. Los servicios de ambulancias australianos llaman a esto ramping (espera en rampa). El artículo lo define como el tiempo transcurrido entre la llegada de la ambulancia al hospital y el momento en que el paciente es retirado de la camilla de la ambulancia.

La espera en rampa es un síntoma de la saturación de urgencias, pero sus efectos se extienden hacia fuera: una ambulancia retenida en la puerta de un hospital no está disponible para la siguiente llamada. Estudios anteriores, señalan los autores, han relacionado esos retrasos con respuestas más lentas para los pacientes siguientes.

Cuatro años, todo un estado

Ayesha Tanveer, Khandakar Ahmed y Assefa Teshome, de la Universidad Victoria de Melbourne, con Ziad Nehme y Oyetunde Gbadeyan, del centro de investigación de Ambulance Victoria —el único proveedor legal de ambulancias del estado, que atiende a más de 7 millones de personas en 227.000 kilómetros cuadrados—, analizaron 2.850.575 salidas de enero de 2020 a marzo de 2024. Para estudiar los retrasos en la entrega conservaron algo más de 2 millones de traslados a los 59 hospitales del estado con servicio de urgencias.

Los tiempos de espera en rampa son muy desiguales: la media es de 44 minutos, pero la mediana es de 31 minutos, y uno de cada diez traslados espera más de 91 minutos.

Las horas se acumulan

Sumada a lo largo del periodo, la espera en rampa costó 1.491.127 horas de ambulancia, el equivalente a unas 96 ambulancias retenidas en hospitales durante un turno completo de 10 horas, cada día, durante cuatro años y un trimestre. El área metropolitana de Melbourne soportó el 76,7 % de la carga.

Las pérdidas están concentradas. Los 10 hospitales con más horas perdidas acumularon el 57,8 % de ellas, mientras recibían el 50,9 % de los traslados. Ese exceso se desvanece más allá de los 25 a 30 primeros hospitales. Dos hospitales pueden llegar al mismo total por caminos distintos: uno por largas esperas por paciente, otro simplemente por puro volumen.

Esperar sea cual sea la urgencia

Descomponer cada traslado en sus etapas muestra adónde va el tiempo. El trayecto desde el lugar del aviso hasta el hospital dura unos 19 a 21 minutos, sea cual sea la urgencia del paciente. En la puerta, los pacientes más urgentes (prioridad de traslado 1) se entregan más rápido, con una mediana de espera en rampa de 21,9 minutos. Pero para las tres prioridades más bajas —33,0, 27,4 y 36,5 minutos— no hay orden alguno. Más allá de dar prioridad a los casos más críticos, «el tiempo que un paciente espera en la puerta del hospital no guarda relación con su urgencia evaluada», escriben los autores. Los traslados menos urgentes tienen la cola más larga: uno de cada diez espera más de 116 minutos.

Un máximo en 2022

Las horas perdidas al año pasaron de 255.523 en 2020 a 401.981 en 2022, un 57 % más, antes de bajar ligeramente en 2023. En el mismo periodo, el número de traslados a urgencias se mantuvo en general estable, y la espera en rampa media por caso pasó de 32 a 52 minutos. La proporción de traslados más urgentes también creció, del 10 % al 13 %.

Los autores subrayan una advertencia importante: los datos comienzan en enero de 2020, en plena pandemia, sin una referencia anterior. Los máximos de 2021–2022 reflejan probablemente un repunte de la demanda bajo las normas de control de infecciones de la pandemia, escriben, más que un deterioro general del rendimiento; y los retrasos más bajos de 2023–24 tampoco pueden leerse como prueba de mejora.

Una congestión previsible

Dos patrones sugieren que el problema puede anticiparse:

  • La hora del día. La demanda alcanza su máximo a mediodía; la espera en rampa media es mínima a las 6 de la mañana (30 minutos) y máxima entre las 6 y las 8 de la tarde (unos 50 minutos). La demanda horaria está moderadamente correlacionada con la espera en rampa tres horas después (r = 0,365).
  • Las llegadas recientes. Cuando ninguna otra ambulancia había llegado al mismo hospital en la hora anterior, la espera mediana era de 23,6 minutos. Después de diez o más, era de 45,2 minutos, y uno de cada diez esperaba más de dos horas. El efecto persiste a todas las horas del día y aparece hospital por hospital, aunque algunos hospitales reaccionan de forma mucho más marcada que otros.

De la descripción a la asignación

El estudio es observacional: se basa solo en registros de ambulancias, sin datos sobre camas ni personal hospitalario, y no puede demostrar que redistribuir las ambulancias acortaría las esperas en proporción. Pero los autores sostienen que una congestión concentrada, que sigue al reloj y depende del estado actual del hospital es exactamente lo que podría aprovechar un sistema de despacho: la base empírica, escriben, para un «enrutamiento de ambulancias consciente del estado del hospital».

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